Siguiendo las órdenes de la señora Amalia, tuve que repetir varias veces el “show” de masturbación a la hora de la cena. Las últimas veces lo hice sin que me importara demasiado; hacía mi actuación, acababa y a otra cosa. La última vez ni siquiera tuve necesidad de fingir el orgasmo, ya que éste vino solito.
Ahora la señora me dio una nueva orden: dar un paso más en la tarea de provocar a su marido. No sé qué espera lograr con esto, señora, pero le aclaro que esta es la última orden suya que acepto. Después de esto, mi obligación se termina.
En la pantalla de mi teléfono aparecen las instrucciones:
Me visto rápidamente con una calza ajustada y una remera corta (siempre siguiendo las órdenes de la señora) y bajo rápidamente a la verdulería. Una vez allí, me pongo a revisar la batea de los pepinos y agarro un par de grandes ejemplares. Y espero.

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jueves, 16 de noviembre de 2017
Encuentro cercano
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