Muchas feministas se ofenden con sólo escuchar la palabra "feminazi". Pero yo celebro que la hayan inventado. Es algo muy bueno para el feminismo, por que separa a las verdaderas feministas de las extremistas que buscan la supremacía del género femenino por sobre el masculino (o sea, que odian a los hombres).
Entonces, las mujeres tenemos dos términos que nos definen: feministas (las que buscamos igualdad de géneros) y feminazis (las que buscan la supremacía femenina). Los hombres tienen sólo uno: machismo, y eso se debe a que, por sí solo, el machismo busca la supremacía masculina. Desde ya que hay hombres que quieren la igualdad de género, pero esos no tienen nombre. Son simplemente hombres.
La palabra "feminazi" suele usarse como un insulto para todas las feministas. El término lo popularizó un locutor de radio para calificar a las mujeres que defienden el aborto, pero después adquirió un significado más amplio y se volvió la palabra favorita de los machistas. Por eso debemos difundir su verdadero significado y diferenciarlo del feminismo auténtico.
El hecho de que exista ese término implica en sí mismo un triunfo del feminismo. Si los machistas debieron inventarlo, es por que ven que necesitan atacar y, a la vez, defenderse. Significa que el feminismo está sacudiendo los cimientos del statu quo machista; significa que está logrando su objetivo.
Ideas ridículas, como que la penetración sexual es un acto de violencia machista, o que es un abuso que un padre se haga llamar "papá" por sus hijas, son propias del feminazismo. Entonces, es algo positivo que exista una palabra para encasillar a esas ideas radicales y resaltar el verdadero rol del feminismo.

Mostrando las entradas con la etiqueta reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta reflexiones. Mostrar todas las entradas
martes, 20 de marzo de 2018
Me encanta la palabra "feminazi"
Etiquetas:
feminazi,
feminismo,
machismo,
reflexiones
sábado, 21 de octubre de 2017
Les presento a las gemelas, Pancha y Jacinta
Muy mal de mi parte que nunca les presenté a las gemelas Pancha y Jacinta. Así que se las presento: Pancha, la derecha (mi derecha) y Jacinta, la izquierda. Ellas son chiquitas y les gusta recibir mucho amor.Los nombres se los puso un novio que tuve hace mucho, si mal no recuerdo fue el primero al que le permití verlas al natural. El noviazgo duró nada, pero los nombres me gustaron así que me los quedé.
Como decía, ellas son pequeñas. A veces quisiera que fueran más grandes; siento un poco (sólo un poco) de envidia por las mujeres que se las pueden lamer a sí mismas. Me gustaría poder hacerlo, pero me tengo que conformar con buscar a alguien que les pase la lengua por mí.
Sé que la mayoría de los hombres se decepcionan cuando ven lo chiquitas que son. Cuando las suelto delante de algún tipo, trato de observar su reacción, y muy a menudo noto gestos disimulados de decepción. Eso me desmotiva un poco, me hace pensar algo así como que no soy suficiente mujer. Pero trato de compensar esa falencia de otras formas, y enseguida se olvidan del escaso tamaño de mis pechos.
A veces me pregunto si tendrán alguna conexión con los hemisferios cerebrales. Por ejemplo, que si estimulo a Pancha, se estimula el hemisferio de la creatividad (por ejemplo), y si estimulo a Jacinta, se estimula el del razonamiento lógico. Hice algún experimento, pero no noté ninguna diferencia. Lo que sí descubrí es que lo más lindo es estimularlas a las dos al mismo tiempo.
Hay una ventaja en que sean pequeñas: no se van a caer tan fácilmente. A mi edad, muchas mujeres de pechos grandes empiezan a sentir la acción de la gravedad y a tratar como sea de evitar la inevitable caída. Yo no tengo que preocuparme mucho por eso.Muchas veces me preguntan: ¿por qué no te ponés tetas? A lo cual siempre contesto: ni en pedo. ¿OK? Ni-en-pedo. Este es el cuerpo que me tocó, lo quiero mucho y estoy muy contenta con él, así que así se va a quedar.
Algún día (espero que dentro de no muchos años) servirán para alimentar a algún bebé. Seguramente crecerán un poco, se pondrán más redondas, y cuando ya no den más leche, quizás queden como un par de medias viejas. No importa. Habrán cumplido su propósito.
Etiquetas:
edad,
humor,
pechos,
pechos pequeños,
reflexiones
martes, 19 de septiembre de 2017
El mejor regalo
La primavera parece haberse adelantado un par de días para hacerme un regalo de cumpleaños. Me lo dejó en el balcón, y lo encontré hoy apenas abrí la ventana (que llevaba semanas cerrada): la planta que estuvo todo el invierno medio tristona en su maceta, dió unas flores anaranjadas gigantes. Además sus hojas parecen más verdes y derechitas. No sé exactamente qué planta es, pero no importa. Para mí se llama Jacinta.
Lo que sí importa es que está contenta con este hermoso día de sol, después de mucho tiempo de frío, nubes y humedad.
Preparo el mate, saco la reposera al balcón y me dispongo a festejar mi cumpleaños en compañía de Jacinta. Le echo un poco de agua. No parece que le hiciera falta, pero me da nosequé tomar mate yo sola.
“Estás contenta?” Le pregunto. No me contesta. O quizás sí, pero lo hace en idioma planta. Adivino que me dice que sí.
Y adivino que dice más cosas. Me cuenta que la pasó mal durante el invierno. Me siento un poco culpable por haberla dejado a la intemperie, pero cuando me la regaló mi vieja, me dijo que era de exterior.
“Todo bien, no te pongas mal”, me consuela Jacinta (ya empiezo a entender su idioma). “Hacía falta que pasara frío, lluvia, humedad y mal tiempo para que pudiera aprovechar mejor este solazo y sacar estas lindas flores”.
Mmm... Qué interesante esto que dice Jacinta. Me siento identificada con lo que le ocurrió. Yo también la pasé mal, tuve que pasar períodos de “mal tiempo”, y si no los hubiera vivido, hoy no estaría disfrutando mi vida como lo estoy haciendo. Qué genia que es mi planta.
Se ganó otro chorrito de agua.
Qué locura, pasar mi cumpleaños tomando mate al sol en el balcón, charlando con una planta. Quizás es que ya me volví un poco loca. Pero al menos no me siento sola. Seguramente más tarde habrá festejo, torta, gente, más regalos, velitas, etc. (eso espero) Pero este regalo, y esta celebración íntima con Jacinta, no me los voy a olvidar nunca.
Lo que sí importa es que está contenta con este hermoso día de sol, después de mucho tiempo de frío, nubes y humedad.
Preparo el mate, saco la reposera al balcón y me dispongo a festejar mi cumpleaños en compañía de Jacinta. Le echo un poco de agua. No parece que le hiciera falta, pero me da nosequé tomar mate yo sola.
“Estás contenta?” Le pregunto. No me contesta. O quizás sí, pero lo hace en idioma planta. Adivino que me dice que sí.
Y adivino que dice más cosas. Me cuenta que la pasó mal durante el invierno. Me siento un poco culpable por haberla dejado a la intemperie, pero cuando me la regaló mi vieja, me dijo que era de exterior.
“Todo bien, no te pongas mal”, me consuela Jacinta (ya empiezo a entender su idioma). “Hacía falta que pasara frío, lluvia, humedad y mal tiempo para que pudiera aprovechar mejor este solazo y sacar estas lindas flores”.
Mmm... Qué interesante esto que dice Jacinta. Me siento identificada con lo que le ocurrió. Yo también la pasé mal, tuve que pasar períodos de “mal tiempo”, y si no los hubiera vivido, hoy no estaría disfrutando mi vida como lo estoy haciendo. Qué genia que es mi planta.
Se ganó otro chorrito de agua.
Qué locura, pasar mi cumpleaños tomando mate al sol en el balcón, charlando con una planta. Quizás es que ya me volví un poco loca. Pero al menos no me siento sola. Seguramente más tarde habrá festejo, torta, gente, más regalos, velitas, etc. (eso espero) Pero este regalo, y esta celebración íntima con Jacinta, no me los voy a olvidar nunca.
Etiquetas:
balcón,
flores,
mal tiempo,
primavera,
reflexiones
domingo, 17 de septiembre de 2017
Señora de las tres décadas
Se acerca ese día del año en que cumplo una vuelta más alrededor del sol. Sí gente, por más que intente evitarlo, el próximo 19 de septiembre llegan los 30. Son unos cuantos años. Pero me siento como si, con este último, el contador hubiera arrancado desde cero otra vez.
![]() |
| En la playa, de noche y en pijamas. |
Miro hacia atrás tratando de ver quién era yo hace un año y no me reconozco. La fátima del 2016 era muy distinta a la Fátima actual. La del año pasado hacía planes para tener una familia propia, para formar un hogar, tener hijos, llevarlos a la escuela, ver cómo su marido echa panza…
Aquella Fátima murió y nació una nueva. La versión 2017 no hace planes. Simplemente no piensa en el futuro, por que cree que es una pérdida de tiempo y de energía.
Se podría decir que hoy soy menos madura que hace un año, que involucioné… quizás por que hago locuras, como ir de noche a la playa en pijamas... quien quiera pensar eso es libre de hacerlo. Pero yo no lo siento así.
Siento que aprendí mucho y que cambié para mejor. Lo que me pasó… puede calificarse como bueno o malo, pero no vale la pena. Ni tampoco tiene sentido recordarlo. Lo cierto es que me sirvió para convertirme en quien soy ahora: una mujer (in)madura que está a punto de alcanzar sus treinta.
Siento que aprendí mucho y que cambié para mejor. Lo que me pasó… puede calificarse como bueno o malo, pero no vale la pena. Ni tampoco tiene sentido recordarlo. Lo cierto es que me sirvió para convertirme en quien soy ahora: una mujer (in)madura que está a punto de alcanzar sus treinta.
Ya veré cómo y con quién festejo mi cumpleaños. Como dije, no voy a hacer planes. Pero estoy muy segura que lo voy a pasar bien.
Etiquetas:
30 años,
cumpleaños,
fecha,
reflexiones
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




