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jueves, 16 de noviembre de 2017

Encuentro cercano

Siguiendo las órdenes de la señora Amalia, tuve que repetir varias veces el “show” de masturbación a la hora de la cena. Las últimas veces lo hice sin que me importara demasiado; hacía mi actuación, acababa y a otra cosa. La última vez ni siquiera tuve necesidad de fingir el orgasmo, ya que éste vino solito.

Ahora la señora me dio una nueva orden: dar un paso más en la tarea de provocar a su marido. No sé qué espera lograr con esto, señora, pero le aclaro que esta es la última orden suya que acepto. Después de esto, mi obligación se termina.

En la pantalla de mi teléfono aparecen las instrucciones:


Me visto rápidamente con una calza ajustada y una remera corta (siempre siguiendo las órdenes de la señora) y bajo rápidamente a la verdulería. Una vez allí, me pongo a revisar la batea de los pepinos y agarro un par de grandes ejemplares. Y espero.

jueves, 27 de abril de 2017

Un pepino y un mirón

Y sí, pintó el frío. El balcón quedará cerrado por lo menos hasta que venga uno de esos veranitos de dos o tres días, que dan para ponerse ropa corta y tomar un rato de sol. Esperemos que llegue uno pronto. Mientras tanto, es menester revisar que ande la estufa antes de que el invierno traiga frío de verdad.

Afiche vintage La ventana indiscreta¡Oh, sorpresa! La estufa no enciende. Le voy a tener que avisar al propietario del depto para que llame a un gasista. Ojalá viniera Fede (el instalador del cable), pero dudo que sepa de estufas o de gas. Será cuestión de esperar a ver qué viene. Por lo pronto, me limitaré a mirar el paisaje del balcón a través del vidrio del ventanal para que no se me enfríe el ambiente.

Es medio aburrido. Más si tengo las luces encendidas adentro, se ve muy poco hacia afuera.

Entro la reposera para usarla adentro. Acabo de salir de la ducha. Estoy en bata y me dispongo a ponerme crema en el cuerpo, así que me tiro en la reposera para pasarme crema por las piernas. Distraídamente miro por el ventanal y veo que desde un depto vecino (un piso más arriba y en el edificio contiguo al de Antonella), un chico está con la ventana abierta, mirando hacia acá con binoculares. Se da cuenta de que lo descubrí, así que cierra la ventana. Pero seguro que no va a dejar de mirar, el muy pervertido. Me río y me sigo poniendo crema en las piernas. De pronto me surge una idea traviesa.

 

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