Ella mide apenas 7 centímetros, pero es el ser humano más hermoso que haya visto jamás. Su corazón late a toda velocidad. Me dicen que está muy cómoda, pero la piba se mueve para todos lados, como quien no puede dormir.
Cuando la vi en el monitor me quedé muda. Allí estaban sus piernitas, sus bracitos, su columna vertebral, su cabecita. Estaba todo.
Empecé a aguantar la respiración y a mirar nada más que la cara del médico. Quería ver si estaba serio, preocupado, contento, o qué, mientras pasaba por mi panza esa pistola espacial embadurnada en gelatina.
El tipo tenía la mejor cara de póker que se pueda imaginar. No se le movía un músculo de la cara. Creo que ni siquiera parpadeaba. Dibujaba cosas en la pantalla, escribía cosas que yo no entendía, y estaba tan mudo como yo.
Fue como un minuto lo que duró esa tortura. Hasta que dijo "mamá, está todo bien, todo normal". Solté el aire en un suspiro, reí y lloré al mismo tiempo, como la otra noche cuando recibí la primera patada. Hubiese querido abrazarlo y besarlo, pero no era apropiado. "¿Querés saber el sexo?". Yo ya lo sabía por intuición, pero el médico me confirmó que es nena (¡Sí!).
Volví a mirar al monitor. En ese momento sólo quería verla a ella, y sacarle sus primeras fotos de cuerpo entero. El ecógrafo entonces empezó a mover el aparatito como para que se la viera en pose, para que la nena hiciera sus primeras experiencias como modelo, siguiendo los pasos de mamá. "¿Querés sacarle una foto?", me preguntó. "¿Y a vos qué te parece?", tuve ganas de responderle, pero lo abrevié en un simple "sí".
Se las presento, ella es Francisca Selena Medina. Fecha (posible) de cumpleaños: 16 de agosto de 2018.

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martes, 27 de febrero de 2018
domingo, 24 de diciembre de 2017
Salir del pozo
Sigo escribiendo en papel, como cuando estaba secuestrada en la fábrica. La diferencia es que acá escribo en papel blanco, en lugar de usar las hojas amarillentas de los biblioratos. Y que me dan de comer y me dan todo lo que necesito. Menos mal... son mis padres, no una pareja de secuestradores. Pero lo que aún no tengo es libertad; sigo encerrada, aunque sin una cadena alrededor de mi cuello.
Todas las semanas veo a varios doctores. Todos ellos se preocupan por mi bienestar, pero ninguno me dice cuándo voy a estar bien. Cuándo mi vida va a volver a ser como era. Estoy empezando a creer que eso nunca va a pasar.
Me pregunto si algún día voy a volver a trabajar sacando fotos, si voy a volver a modelar, a estar con gente. Si algún día voy a volver a reír. A uno de mis médicos le escuché decir algo de caer en un pozo depresivo. ¿Alguien me presta una escalera?
Hasta hace unos días sentía que mi única función en el mundo era ser una incubadora para este bebé que llevo en la panza. Que una vez que naciera, ya no tendría razón para vivir. Eso sentía hasta el día de la ecografía. Cuando escuché latir su corazón todo cambió. Recién entonces me dí cuenta de que todo esto es más que un par de rayitas en un evatest. Me dí cuenta de que soy una mamá, de que esta persona que llevo adentro algún día me va a mirar a los ojos y va a decirme “mamá”. Esa fue la escalera para salir del pozo. Bueno, quizás no una escalera; más bien fue un banquito para subirme y asomar la cabeza un poco hacia afuera del pozo. Pero es algo.
No sé si pasaré una feliz navidad, pero sé que la pasaré con gente que me quiere y a quienes quiero, que no es poco. Alguien dijo que para ser feliz, el primer paso es empezar a quejarse menos. Así que nada de quejas. ¡Que tengan una feliz navidad!
Todas las semanas veo a varios doctores. Todos ellos se preocupan por mi bienestar, pero ninguno me dice cuándo voy a estar bien. Cuándo mi vida va a volver a ser como era. Estoy empezando a creer que eso nunca va a pasar.Me pregunto si algún día voy a volver a trabajar sacando fotos, si voy a volver a modelar, a estar con gente. Si algún día voy a volver a reír. A uno de mis médicos le escuché decir algo de caer en un pozo depresivo. ¿Alguien me presta una escalera?
Hasta hace unos días sentía que mi única función en el mundo era ser una incubadora para este bebé que llevo en la panza. Que una vez que naciera, ya no tendría razón para vivir. Eso sentía hasta el día de la ecografía. Cuando escuché latir su corazón todo cambió. Recién entonces me dí cuenta de que todo esto es más que un par de rayitas en un evatest. Me dí cuenta de que soy una mamá, de que esta persona que llevo adentro algún día me va a mirar a los ojos y va a decirme “mamá”. Esa fue la escalera para salir del pozo. Bueno, quizás no una escalera; más bien fue un banquito para subirme y asomar la cabeza un poco hacia afuera del pozo. Pero es algo.
No sé si pasaré una feliz navidad, pero sé que la pasaré con gente que me quiere y a quienes quiero, que no es poco. Alguien dijo que para ser feliz, el primer paso es empezar a quejarse menos. Así que nada de quejas. ¡Que tengan una feliz navidad!
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