lunes, 19 de febrero de 2018

Tarde lluviosa, mi primer relato de ficción erótica

Me decidí a terminar un cuento erótico de ficción, que no tuviera nada que ver con mis experiencias personales, así que aquí va. Espero sus comentarios...

Tarde lluviosa

Después de dudarlo un rato, se decidió a desabrocharse otro botón de la camisa, dejando que se viera su pecho casi hasta la altura del esternón. No le gustaba ese “look”, le parecía más propio de los tipos ridículos que quieren que todos vean que se matan haciendo pectorales en el gimnasio. Pero el calor era insoportable. Su camisa ya estaba empapada en las axilas y en la espalda. No era en absoluto una situación ideal para una primera cita, aún cuando,en ese caso,se tratara más bien de una “primera trampa”.

Estaba usando su hora de almuerzo del trabajo para encontrarse con ella, aunque había avisado que posiblemente tardaría un poco más de una hora, ya que aprovecharía para “ir a hacer un trámite”. Sus compañeros lo cargaron a más no poder, recomendándole hoteles económicos y ofreciéndole preservativos. Pero él respondió simplemente con silencio y con cara de “no sean pelotudos”; aunque en ese caso estuvieran acertados en sus sospechas.

pies desnudos bajo la lluviaLa plaza tampoco era el lugar más apropiado para un encuentro de mediodía. Además del insoportable calor, la situación se agravaba con perros paseando, niños jugando y madres chismosas que parecían querer observar un hecho ilícito para denunciarlo a los cuatro vientos.

Ella no llegaba, y los minutos corrían a pasos agigantados; preciosos minutos que descontaban de esa escasa hora y media que estimó ante su jefe que pasaría fuera de la oficina.

Su camisa parecía arder. Quería arrancársela y retorcerla para exprimir de ella los litros de transpiración que cargaba. Ya no sabía si transpiraba más por los nervios o por el calor.

Un nubarrón oscuro se acercaba belicosamente al sol, seguido de otras nubes igualmente agresivas.

Él miraba para todos lados, esperando detectar a su amiga. No le conocía la cara, sólo sabía que se iba a presentar con un short de jean desflecado y una remerita blanca. Muchas mujeres pasaban con un atuendo como ese, pero ninguna coincidía con la contextura del cuerpo que había visto días atrás por la webcam. Aunque lo hubiese visto desnudo, estaba seguro deque no tendría problemas para reconocerlo con la ropa puesta.

Las nubes ya le habían ganado la batalla al sol. El cielo se oscurecía, y algunas madres comenzaban a llevarse a sus chicos ante el temor de una tormenta. Pero ella no aparecía.

Su pierna comenzó a agitarse rítmicamente manifestando unos nervios cada vez más notorios. Una brisa fresca comenzó a soplar, enfriando la transpiración de su camisa y dándole escalofríos. Algunas luces de la calle se encendieron ante una negrura creciente. La brisa fresca se transformaba en viento frío. La poca gente que quedaba en la plaza comenzaba a correr escapando de una tormenta inminente.

Comenzaron a caer las primeras gotas. Lamentándose en silencio por su mala suerte, se puso de pie, al tiempo que se abotonaba nuevamente la camisa. Se disponía a caminar de regreso a su trabajo con el paso lento del fracaso, cuando una figura llegó corriendo y casi se abalanzó sobre él. Short de jean desflecado, remerita blanca... Era ella.

Sonriendo y jadeando, la recién llegada se sentó en el banco sinr espaldo, con una pierna de cada lado.

-Te vas? -le preguntó, recuperando el alientode a poco.
-No tengo paraguas -contestó él. Ella replicó con un gesto que, traducido en palabras, hubiera significado “no seas idiota”.

Él la miró sentada en el banco, mientras la lluvia aumentaba en intensidad. El agua transparentaba sugerentemente la remerita en algunos sectores sutiles, a la vez que corría por sus hombros y sus muslos; los mismos hombros y muslos que había visto desnudarse sugestivamente días atrás en la pantalla de su PC.

Decidió sentarse frente a ella y tomó sus manos. Así permanecieron un rato, mirándose a los ojos, sintiendo y observando cómo el agua de la lluvia adhería las ropas a sus cuerpos. La remerita blanca ya se había vuelto completamente transparente, revelando un corpiño de encaje que permitía ver cómo el color de los pezones contrastaba contra el blanco de los pechos.

Besándose bajo la lluvia
Acercaron sus rostros casi hasta rozar sus labios.En un susurro, ella le dijo: “estoy excitada”, y estirando la lengua fuera de su boca, rozó con la punta de esta los labios de él, mientras tomaba sus manos y las colocaba firmemente contra sus pechos.

Mientras él tanteaba con sus manos la turgencia de esos pechos mojados, ella desabotonaba la camisa de su compañero, para luego acercar la cara a su pecho y lamer de él el agua de la lluvia. Enseguida levantó la cabeza y lo miró con una sonrisa, mientras llevaba sus manos a la espalda y desabrochaba el corpiño. Luego tomó nuevamente sus manos y las llevó de vuelta a sus pechos, pero esta vez por debajo de la remera, para sentir esos dedos directamente sobre la piel.

Gimiendo y entrecerrando los ojos, disfrutó por unos segundos de la sensación de los dedos acariciando sus pezones endurecidos. Enseguida arremetió contra el cinturón de su compañero, desabrochándolo rápidamente, para luego abrir el pantalón y meter su mano en su interior. Con una cara de felicidad como si hubiera encontrado un tesoro, agarró firmemente el pene duro como una estaca de su compañero y comenzó a masturbarlo. Pero la acción duró apenas unos segundos, ya que enseguida se apartó para abrir el cierre de su short y aflojarlo un poco, revelando que debajo no había ropa interior.

Los amantes acercaron sus cuerpos enfrentados, cada uno con la mano dentro del pantalón del otro, masturbándose, mientras la lluvia arreciaba en una plaza vacía y oscura.

Un fuerte relámpago, seguido por un estrepitoso trueno, los sobresaltó. Instintivamente se separaron y miraron alrededor. Luego sus miradas se encontraron y rieron, para terminar uniendo sus bocas en un impetuoso beso. Se abrazaron, sintiendo como el agua de lluvia se calentaba al verse atrapada entre sus cuerpos.

Ella interrumpió el beso, para decirle con un susurro “vámonos de acá”.

Sexo de hotelTratando de recomponer sus ropas como pudieron, se levantaron del banco y, tomados de la mano, corrieron hasta el hotel alojamiento más cercano.Ya en la habitación, los amantes exhibieron la desnudez mojada de sus cuerpos.

Él pensó por un instante qué pasaría después. “No existe el después, sólo existe el ahora”, se recordó a sí mismo mientras cada uno rodeaba al otro con brazos y piernas, y unían sus cuerpos, sus bocas y sus sexos.



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