domingo, 12 de noviembre de 2017

Gozando por obligación





Esperaba un mensaje con instrucciones de Amalia; lo que no esperaba era que el mensaje llegara justo en el momento menos oportuno: la noche en que Fede está de visita en casa.


Él no sabe nada de la historia de la vecina, y no quiero que lo sepa. No me queda otra que mentir.

Puteo mentalmente a Amalia en cuatro idiomas y le meto a Fede un verso de que no me siento bien, que mañana tengo que levantarme temprano, etc… el pobre al final me cree y acepta irse, con la condición de que se lo compense mañana con "intereses".


Ya me lo veía venir. Antes Amalia me había ordenado que fuera a la verdulería a comprar los pepinos más grandes que encontrara, que me iba a hacer repetir el show que le hice a su hijo.

Hago lo que me ordena. Me quedo parada en la ventana, con el teléfono en una mano y el pepino en la otra.


Era de esperarse. Apoyo las cosas en una silla y me desnudo.


Encima eso. Ahora sí me siento como una puta. Obligada a disfrutar de algo que no tengo ganas de hacer, fingiendo que la estoy pasando bien. Pongo una mueca parecida a una sonrisa y empiezo a acariciarme con el pepino. Pero no me excito. Siento que la textura rugosa me molesta al frotarlo con mi piel.


Hija de puta. Me siento terriblemente humillada y enferma de rabia. Unas lágrimas se escapan de mis ojos, pero hago lo que me dice. Me siento como si estuviera en una consulta con mi ginecólogo, y el tipo hubiera traído a sus amigos para que vieran todo. Encima no sé quién está mirándome del otro lado. No sé para quién ni para qué estoy haciendo esto. En el departamento vecino, la luz del cuarto de Marcos está apagada. En cambio, están encendidas las luces en lo que parece ser el comedor. ¿Estarán cenando mientras ven cómo me humillo? ¿Estará toda la familia reunida viendo el espectáculo? Qué morbosa hija de puta.


Me masturbo con el pepino pero no logro que me excite. Mi cara se tuerce por el llanto, pero hago un tremendo esfuerzo para que parezca que lo estoy disfrutando.


Hago ondular mi cuerpo mientras me sigo penetrando con el pepino. Siento que estoy siendo violada, y eso me trae espantosos recuerdos. Mi llanto se hace más intenso y hasta empiezo a moquear.


Odio esto cada vez más, pero no puedo echarme atrás. Quiero darle el gusto a esta hija de puta y que me deje en paz de una buena vez.

Me arrodillo en el suelo, apoyando mi pecho en la silla. Con una mano abro mis nalgas y con la otra me meto el pepino por el ano. Un mar de lágrimas moja la silla.


Por fin me da via libre para terminar con esto de una vez por todas.


Hago lo que me dice. La penetración del pepino me molesta y no logro excitarme, pero finjo que lo estoy gozando, como una buena puta. Después de un rato simulo un orgasmo haciendo mi mejor esfuerzo por que parezca real.


Bajo la cortina, apago la luz y me acuesto en la cama para seguir llorando y para tratar de pensar en algo que me haga olvidar lo que acaba de pasar. Ni me molesto en vestirme.

Espero que esté satisfecha señora Amalia.



1 comentarios:

Anónimo dijo...

BIEN HECHO ZORRA. ME CREI QUE HABIAS ACABADO EN SERIO, SE VE QUE SOS UNA BUENA PUTA. EL PAJERO DE MI MARIDO SE CALENTO VIENDOTE Y ME COJIO CON GANAS. PERO ESTO NO TERMINA TODAVIA YA TE VAN A YEGAR MAS INSTRUCCIONES

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