jueves, 12 de octubre de 2017

Relato salvaje (epílogo)

Grito salvajeLo hice otra vez. Me dejé llevar, perdí el control, dejé salir mi furia reprimida y la descargué sobre alguien que no tenía nada que ver.

Otra vez estoy sola, sentada en la cama, a oscuras, preguntándome en qué me convertí. Quizás ese personaje que inventé, la sádica doctora Katja, es alguien que yo llevo adentro y que busca salir en busca de víctimas. Y en el pobre Rafael encontró a alguien dispuesto a convertirse en su víctima.

Suena mi teléfono. Es Antonella. No la atiendo.

Vuelve a sonar. La vuelvo a ignorar, pero ella insiste. Hasta que me gana.

-¿Qué?
-Fati, ¿qué te pasó? ¿Por qué te fuiste así?
-No sé, me sentí mal, me dió miedo, qué sé yo… quise volver acá a pensar.
-Está bien, te entiendo. Pero acá hay alguien que te quiere hablar.
-¿Qué? ¿Por qué…?
-Hola doctora Braun, espero que se encuentre bien.
-¿Rafael? No me llames doctora Braun, ya fue...
-La puedo a llamar como usted quiera, con tal de que siga siendo mi ama.
-¿Me lo decís enserio? ¿Después de que casi te mato de asfixia?
-Si me lo permite, creo que sólo necesita mejorar su autocontrol. Pero es mi opinión nada más…
-Yo también lo creo, por eso me parece que no es buena idea seguir con esto. Dejó de ser un juego para pasar a ser algo peligroso.
-Para mí en ningún momento fue un juego. Igualmente respeto su decisión, pero permítame decirle una cosa nada más: creo que usted es una excelente ama, y si logra controlarse, sería perfecta. Al menos para mí. Yo le puedo enseñar. Sólo si usted lo quiere, claro.

Me dejó sin palabras, así que lo dejo que siga hablando.

-No hace falta que me conteste ahora, pero piénselo, por favor. Le paso con Antonella.
-Está bien…
-Flaca, explicame, ¿qué fue ese alarido que pagaste? Los vecinos están acostumbrados a escucharme, pero se deben haber asustado con ese grito salvaje tuyo…
-Uy perdoname, ¿grité mucho? Ves, ¡no me controlo!
-¡Jaja! No, boluda te estoy jodiendo. No pasa nada. Pensá en lo que te dijo Rafa, después si querés charlamos. Ahora le tengo que cobrar a este hombre, y no te olvides que te corresponde una parte. ¡Beso, chau!
-Otro beso…

Bueno, menos mal que atendí. Lo que me dijo Rafael me tranquilizó muchísimo. Me dejó pensando también. Y además me ahorró por lo menos un par de sesiones con la psicóloga.



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