martes, 31 de octubre de 2017

Noche tormentosa

Tormenta desde el balcónEsto que me pasó el domingo pasado viene bien para Halloween. No es un cuento de terror, pero se le acerca un poco.

A la noche, antes de que se largara la tormenta, estaba tirada en la cama mirando la tele, en bombacha y remerita. No hacía frío, así que estaba con la ventana abierta. En un momento noté algo así como un destello proveniente de la ventana de mi vecino Marcos. Indudablemente el destello era del vidrio de sus largavistas. Me estaba espiando otra vez. No le di bola, pero como jugando me empecé a poner en pose, mostrándole un poco el culo, levantando los brazos y poniendo las manos atrás de la nuca, etc. Me resultaba divertido provocarlo un poco mientras miraba nada en la tele.

Hasta que se desató la tormenta. Empezó a soplar el viento huracanado y al toque se cortó la luz. Me acerqué a la ventana para cerrarla y justo cayó un rayo que iluminó todo, incluyendo la ventana del otro edificio, donde vi con toda claridad a mi vecinito. Lo saludé, pero después del rayo no sé si él podría verme.

Fui a poner la pava al fuego para preparar el mate y volví a la ventana a ver cómo caía la lluvia. Enseguida cayó otro rayo y vi la ventana de mi vecino, pero esta vez vacía. “Se habrá aburrido”, pensé. Fui a preparar el mate y me lo traje cerca de la ventana. Encendí un par de velas y me puse a leer un libro.

Al rato cayeron más rayos. En la ventana de mi vecino vi una silueta, pero no era la suya. Era una silueta más grande, y parecía de mujer. Supongo que sería la mamá. Al toque escuché unos golpes en la puerta del depto, que por poco me matan del susto. ¿A qué loco se le habrá ocurrido venir en medio de esta tormenta?

Dudé un cachito. Mäs golpes en la puerta. Alguien estaba ansioso.

-¿Quién es?

Silencio.


-¿¿Quién es??
-Soy yo, Marcos -dijo una vocecita del otro lado de la puerta.

¿Marcos? ¿Está loco este pibe? Abrí la puerta y lo vi, todo mojado, tiritando como un cachorrito.

-¡Marcos! ¿Qué hacés acá? Vení, pasá, estás empapado.

Lo hice pasar y cerré la puerta, revisando el pasillo a ver si no había alguien mirando.

Se quedó parado en el medio del depto, tiritando, sin decir nada. Yo lo miré un poco mientras pensaba qué hacer.

-Esperame que te traigo una bata. Te vas a tener que sacar esa ropa mojada.

Fui hasta el baño a traer la bata y un par de toallas. En cuanto le di la bata, noté que en su pantalón cobraba forma una erección de antología. Le dio vergüenza y se tapó con las manos.

Esa imagen de Marcos tiritando de frío y de vergüenza, el olor a lluvia que llevaba encima, su cuerpo flaquito de adolescente todo mojado, iluminado por la luz de las velas, todo eso mezclado con su excitación, me provocó algo adentro que me hizo perder el control.

-Dejame que te ayude- le dije, y le empecé a quitar la remera mojada. Despacio, mirándolo fijo a esos ojos inocentes y esa cara pecosa. Luego, con la toalla, le sequé el torso desnudo. Se me ocurrió pensar que, si se enfermara, me encantaría que la mamá me lo deje un rato para cuidarlo, para pasarle vic-vaporub en ese pecho lampiño, frotando esa piel joven y suave... (¿cuándo me volví así de degenerada?)

Borré de mi mente esos pensamientos inducidos por el instinto maternal y, sin quitarle la vista del rostro, le empecé a desabrochar el pantalón, el cual cayó al suelo apenas le bajé el cierre. Me agaché para tener su erección frente a mi cara. Entonces tomé los bordes de su calzoncillo y comencé a bajarlo.

Apenas su pene quedó oscilando en el aire, por voluntad propia descargó todo su contenido de semen en mi cara. Marcos lo agarró con la mano y se agachó, luego quiso alejarse y se tropezó con el pantalón y cayó al suelo. Me agaché a ayudarlo, mientras con la mano quitaba el semen de mi cara. Justo en ese instante, volvió la luz. Los de Edesur no podrían haber encontrado momento menos oportuno para restablecer el servicio eléctrico.

Instintivamente miré al edificio vecino, más precisamente a la ventana de Marcos, y vi exactamente lo que más temía: la madre del pibe mirando directamente hacia mi ventana. Corrí a la ventana para bajar la cortina mientras le gritaba a Marcos que se escondiera. No sé para qué, si nos había visto ya no había nada que hacer.

Pero Marcos seguía tirado en el suelo, desnudo y lloriqueando. Ya con la cortina baja, era el momento de tomar una respiración profunda y pensar qué hacer. Primero, agarrar papel de cocina para limpiarnos a los dos.

-Tranquilo Marcos, no pasa nada -lo calmé mientras le daba el papel de cocina-. Disculpame por eso, no sé por qué lo hice...

Marcos no decía nada. Le di la bata para que se vistiera. Acerqué el mate y le ofrecí uno.

-No, gracias -me dijo.
-¿Querés un vaso de Coca?
-Bueno.

Le traje la bebida y lo invité a que nos sentáramos en la cama a conversar.

-¿Qué pasó? ¿Por qué viniste hasta acá en medio de la tormenta?
-Es que… mi mamá me estaba gritando, estaba muy enojada, yo no supe que hacer así que me fui de casa. Cuando salí a la calle estaba lloviendo mucho, así que se me ocurrió venir para acá para quedarme hasta que pasara la tormenta.
-¿Y tu papá?
-No está, vuelve tarde.
-OK. Bueno…

No tenía idea de qué hacer. Este pibe no podía quedarse en mi depto. Quizás la mamá lo había visto y ya estaba llamando a la policía. Empecé a pensar qué podría decir en mi defensa…

-¿Y sabés por qué se enojó tu mamá?
-Es que me vio espiándote...
-OK...

La cosa iba de mal en peor. Me paré para caminar y pensar. Fui a apagar las velas y de paso espié al depto de Marcos por entre las rendijas de la cortina. Alcancé a ver dos siluetas hablando. O discutiendo.

-Vení, Marcos. Acercate, me parece que ya volvió tu papá.

Marcos se acercó y miró también por las rendijas.

-Sí, es mi papá.
-OK, bueno, te voy a secar un poco la ropa así volvés para tu casa, ¿sí? Supongo que tu mamá ya estará más calmada. ¿La querés llamar por teléfono…?
-No, no, ahora me visto y vuelvo a mi casa.
-Está bien, esperame que te seque un poco la ropa.

Por suerte la lluvia ya había parado. Extendí la ropa mojada en el piso, fui a buscar el secador de pelo y aproveché para ponerme un jogging viejo, no fuera cosa que al chico le dieran ganas otra vez...

En cuanto estuvo la ropa seca se la di a Marcos para que fuera al baño y se cambiara. No quería tenerlo desnudo de nuevo delante mío. Al rato salió.

-Bueno, me voy, disculpame por aparecer así.
-No, sos vos el que me tiene que disculpar. ¿Querés que te preste una campera o un abrigo? Me parece que refrescó bastante…
-No, dejá, gracias.

Lo acompañé a la puerta y lo saludé con un beso en la mejilla. Después me senté en el suelo a tomar mate y a seguir mirando por las rendijas al departamento de Marcos. Pero la luz de su ventana estaba apagada.


4 comentarios:

Lucia Marin Martos dijo...

muy bueno fati tienes al vecinito todo loco besos guapa...

Fátima Medina dijo...

Gracias maja! :-)

Amalia Greco dijo...

HIJA DE PUTA ABUSADORA DE MENORES
VIOLASTES A MI HIJO
TE VOY A DENUNCIAR

Lucia Marin Martos dijo...

jajajajajaja que mal caracter vecina, deja que el niño disfrute jajajajajaja

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