viernes, 8 de septiembre de 2017

Posando en pareja

Ya pasó un buen tiempo desde que ocurrió esto, pero lo tengo tan grabado en mi mente que no hay forma de que olvide ni el más mínimo detalle.

Por si no lo recuerdan, me encontraba a punto de posar junto al modelo masculino, que había resultado ser ni más ni menos que Fede, el instalador del cable.

En cuanto estuve desnuda junto a él, en el medio de la escena, con todos los spots apuntando hacia nosotros, no pude evitar dirigir la vista a su entrepierna. El suspensor ya no estaba. Su virilidad estaba totalmente expuesta, luciendo toda su gloria ante mi vista.

Dios mío. Tuve que girar la cara y mirar hacia otro lado. Pero, ¿hacia dónde?

Se acercó Paola para darnos indicaciones. Le pidió a Fede que me sostuviera en sus brazos. Yo sólo debía dejarme cargar, aflojarme, relajarme, no hacer nada. Sonaba bien...

Posando en pareja
Me dejé sostener dócilmente por los brazos de Fede, mientras los míos descansaban sobre su pecho y su hombro. Cerré los ojos y me concentré en lo que sentían mis dedos al tocar su piel. Me empecé a sentir a gusto.

Acurruqué mi cabeza entre su pectoral y su bíceps. Paola daba indicaciones pero yo no la escuchaba. Estaba muy ocupada tratando de descubrir qué crema se habría puesto Fede, pero como no tenía ningún perfume, me resultaba difícil de averiguar. Mis dedos se deslizaban apenas por su piel, disfrutando de su suavidad.

De pronto sentí que algo me tocaba una nalga. Abrí los ojos pero me mantuve inmóvil. Lo miré a Fede, quien seguía inmóvil, con la vista dirigida al infinito.

Deduje que había una sola cosa que podía estar tocándome.

-¿Qué pasa Fede? -susurré entre dientes.
-No lo puedo evitar -contestó, también susurrando como ventrílocuo.
-¿Cómo que no?
-Qué se yo, es tu perfume, me excita.
-No estoy usando perfume.
-Eso me excita más todavía.

Sí. Con mi nalga podía sentir que se excitaba más.

-¿Qué hacemos?
-Qué se yo, estoy tratando de pensar en otra cosa, pero no puedo.

Por poco suelto una carcajada, pero si el profe se daba cuenta se iba a enojar, y probablemente tanto Fede como yo perderíamos nuestros trabajos como modelos.

Paola empezaba a darnos indicaciones para cambiar de postura. Había que hacer algo rápido.

-Seguime la corriente -le susurré a Fede, y empecé a fingir un repentino y fuerte ataque de tos.

Mi compañero dudó un instante y luego me dejó en el suelo. Se tapó la entrepierna como los jugadores de fútbol cuando hacen de barrera.

Mi actuación fue convincente, por que enseguida Min Chi fue a buscar un vaso de agua y Paola buscó en su cartera un paquete de caramelos de miel. Fede aprovechó la confusión para salir del cono de luz de los spots, ponerse la bata y huir hacia el baño.

-Gracias -les dije a Paola y a Min Chi cuando se me pasó el falso ataque de tos-. Discúlpenme, estuve con catarro hace una semana y todavía me dura la picazón en la garganta. ¿Y Fede? -pregunté con cara de tonta.
-En el baño -dijo Min Chi.
-OK, aprovecho para ir un segundo al camarín así me arreglo un poco.

Me puse la bata y me dirigí al camarín, pero en lugar de entrar, cerré la puerta y me acerqué al baño. Cerciorándome de que nadie mirara, le di unos golpecitos a la puerta.

-Fede -susurré-. ¿Estás bien?
-Sí, ya voy, ya voy -contestó una voz temblorosa desde adentro del baño.

Miré otra vez al grupo de alumnos. El profe estaba aprovechando la interrupción para charlar con los chicos y darles sugerencias, así que, sin dudarlo, abrí la puerta del baño y entré.

-Permiso…
-¿Qué hacés? ¡Te dije que ya voy!

El modelo masculino estaba sentado en el inodoro, con la bata abierta, aferrando su pene duro con la mano derecha.

Sin darme tiempo para pensar, yo también abrí mi bata.

-Dejame a mí -le dije mientras me arrodillaba frente a él y separaba sus piernas.

No alcanzó a decir nada. Sólo soltó su pene y dejó que yo me lo metiera íntegro en la boca.

Chupada 1

Chupada 2

Chupada 3

Lo chupé frenéticamente, con la misma velocidad con que frotaba mi clítoris.

Nos tomó menos de medio minuto acabar en medio de gemidos ahogados. El sabor de su semen formó una mezcla exótica con el gusto a miel del caramelo que me había convidado Paola.

Fede se echó rendido hacia atrás mientras calmaba su respiración, y yo hice lo mismo sentada en el suelo contra la pared del baño.

Cuando dejé de jadear, lo miré a Fede con la intención de hablarle, pero a los dos nos dió un ataque de risa.

-Bueno -dije cuando pasó la risa-, tendrías que salir vos primero para que no sospechen, y después voy yo.
-Sí… pero…
-¿Qué?
-Tengo que mear.

La cara de Fede me causó una carcajada que no pude contener. Tenía que pensar alguna explicación por si después alguien me preguntaba de qué me reía.

-Bueno, dale, mea tranquilo. Yo miro para la pared y me tapo las orejas así no te inhibis.

Superado el problema de la erección inoportuna, los dos pudimos volver a nuestro trabajo. Sólo que nuestro rendimiento se vio afectado negativamente. Nuestras posturas se volvieron imprecisas, y nuestros movimientos, torpes. Los fotógrafos tenían que hacernos correcciones continuamente. El profe lo notó y puso esa cara de contrariedad que me aterraba cuando era su alumna. Pero al terminar la clase les pidió a los chicos que me aplaudieran por mi debut como modelo; señal de que estaba todo bien.

Sin embargo, cuando salí del camarín (vestida ya), el profe me apartó y, hablando bajito, me dijo que sabía lo que había pasado. Me puse blanca de vergüenza, pero se me pasó un poco cuando aclaró que le había parecido bien mi actuación para tapar el “inconveniente” de Fede. No sé si hubiera opinado lo mismo de haber sabido lo que hice dentro del baño.

A la salida del estudio me estaba esperando Fede para invitarme a tomar un café. Era tarde, pero una charla de café con alguien que estuvo varias veces en mis sueños durante los últimos meses, me pareció el broche de oro perfecto para un día fuera de lo común.


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