sábado, 29 de julio de 2017

Modelo masculino

Dicen que el destino está escrito con tinta invisible, o con trazos muy finos que sólo toman forma apenas un instante antes de que el futuro se manifieste presente. Me hubiese gustado poder leer esta página de mi destino antes de que se manifestara ante mí.

En fin, les sigo contando mis experiencias con el modelaje (el capítulo anterior, aquí).

Modelo masculino 1Apenas llegó el modelo masculino, dimos por terminada la sesión con Julián. Me puse la bata y fui a la kitchenette a servirme otra taza de té. Me quedé apoyada en la mesada, tomando el té, mientras miraba a Jaime y a Fede (el modelo) caminar hasta el centro del estudio y saludar a los alumnos. Lo que me parecía imposible resultó real. Fede era el Fede que yo temía: el instalador de Telecentro, al que prácticamente obligué a cojerme cuando fue a instalar el cable a mi depto.

Me costó reaccionar. Seguí apoyada en la mesada, tomando el té, como si nada. Lo que estaba viendo no era posible, debía ser una alucinación. De pronto, Jaime me hizo gestos para que me acercara a ellos. Empiné la taza, la dejé vacía en la mesada y fui a su encuentro. Seguramente mi alucinación desaparecería como un espejismo apenas me acercara. Pero no.

-Él es Federico, el modelo masculino -me lo presentó Jaime.

Me lo quedé mirando muda, con una sonrisa ridícula, saludando con la mano. Él se me acercó para saludar con un beso, y cuando me reconoció, se quedó a mitad de camino, señalándome con el dedo, y con un gesto que mezclaba sonrisa y ceño fruncido.

-¿Vos… sos…?
-Si, soy yo -reconocí con toda la ingenuidad dibujada en mi cara.
-¿Se conocen? -preguntó Jaime.
-Claro, yo le fui a instalar el cable, hace unos meses.
-Qué bárbaro, el mundo es un pañuelo…

Pasada la sorpresa inicial, Fede se acercó y me saludó como correspondía.

-¿¡Cómo estás!? -me preguntó entusiasmado-. ¡Qué locura! ¡No tenía idea que eras modelo!
-Bien… -no supe qué más agregar. En realidad no estaba pensando en qué decir; un único pensamiento rondaba mi cabeza: en unos minutos estaríamos desnudos los dos, posando, estáticos, tocándonos seguramente, sometidos a los caprichos de los fotógrafos, y no podríamos hacer nada, ni una caricia, ni un beso… nada. Había soñado muchas veces con volver a encontrarme con este hombre en distintas situaciones, pero jamás, ni en mis más locos sueños, podría haber imaginado un encuentro como éste.
-Bueno, a trabajar, que el tiempo pasa -interrumpió Jaime-. Fede, andá a cambiarte. Chicos, ahora cada grupo va a hacer una sesión corta sólo con Fede, y después una cada uno con los dos. Pao, Min Chi, vayan armando.

Volví a sentarme en mi silloncito, mientras preparaban el escenario para Fede, quien no tardó en venir vistiendo apenas un diminuto suspensor. “No vale”, pensé, “¿por qué los hombres se tapan sus partes, y las modelos mujeres tenemos que estar completamente en bolas?”.

Las cualidades físicas de Fede parecían haber mejorado desde nuestro encuentro. No sé si era la iluminación del estudio, pero sus músculos parecían más marcados. Además su piel tenía como un brillo mate… me hice una nota mental para preguntarle qué crema se había puesto (tenía que estar usando alguna crema... su piel no podía tener esa tersura naturalmente; por Dios, ¡necesitaba acariciar esa piel!).

Modelo masculino 2Al verlo posar supe que no era su primera vez. Tenía un control perfecto de las posturas, sus músculos se tensaban o relajaban a su antojo, respondiendo con precisión a cada cosa que le pedían los fotógrafos. Y cuando daba con una postura, se quedaba rígido como una estatua. Vino a mi mente el recuerdo de cuando estuvo en mi depto… podía verlo ahí, agachado, buscando el preservativo en sus pantalones, mientras yo esperaba en la cama…

Me sentí intimidada por su profesionalismo. Supuse que su verdadero trabajo sería éste, y que lo de instalar cable era probablemente una segunda ocupación para hacer algún mango extra.

Los fotógrafos estaban a sus anchas. Cada cosa que le pedían tenía una respuesta inmediata. No necesitaban hacerle ninguna corrección.

¿Cómo iba a hacer para modelar yo, una novata absoluta, al lado de este tipo? ¿Cómo me iba a aguantar las ganas de tirármele encima? Todo lo que me había relajado antes, toda la comodidad que había logrado, se fue bien al carajo. Quería que la tierra me tragara (otra vez). Me fui a esconder un rato al baño, con la excusa de arreglarme un poco; además de que me estaba pillando de nervios.

Apenas volví del baño, la voz de Jaime hizo un nudo marinero con mis tripas.

-OK, muy bien, ahora Fátima, vení, sumate.

Caminé hasta el escenario. Temblando como una hoja (otra vez), me saqué la bata.


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