sábado, 22 de julio de 2017

Mi debut como modelo vivo

Continúo contándoles cómo empecé a trabajar como modelo para mi profe de fotografía (para conocer cómo empezó esta historia, hagan clic aquí).

Llegué al estudio a las 18:40. Estaba tratando de poner cara de enojada, todavía me acordaba cuando el profe me aclaró que me depilara...

-Llegaste temprano -dijo Jaime, abriéndome la puerta del estudio.
-No, llego diez minutos tarde, te dije que llegaba seis y media.
-Hasta las siete no llegan los alumnos, así que hay tiempo de sobra. ¿Querés un café, un té, un jugo…?
-No, gracias. ¿A dónde me cambio?
-Allá tenés el camarín, creo que ya lo conocés. Esperame que te traigo la bata.

Volvió con la bata y con una evidente cara de culpable.

-¿Todavía estás enojada por que te pedí que te depilaras?

A modo de respuesta, lo miré con mi mejor cara de culo.

-Bueno, te pido perdón… entendeme que estaba un poco ansioso, es que no quiero que esto salga mal...
-Te vuelvo a repetir, Jaime, teneme confianza. No te voy a decepcionar. Ahora voy a cambiarme.

Me fui al camarín caminando con orgullo, como una modelo de pasarela. Pero cuando entré estaba temblando como una hoja. Decidí tomarme diez minutos para meditar y serenarme, como me enseñó el profe de yoga.

Me debo haber quedado medio dormida meditando, por que me sobresaltó el ruido del timbre de la puerta. Ya empezaban a llegar los alumnos. Por suerte no tenía que prepararme demasiado; sólo desnudarme y ponerme la bata. Ya me había maquillado y peinado antes de salir de casa. Pero antes de ponerme la bata, me miré en el espejo y ensayé algunas poses. También hice algunas posturas de estiramiento y algunas respiraciones profundas para relajarme.

Ya estaba lista. Me puse la bata y salí. Caminé tímidamente hacia el centro del estudio. Allí estaban el profe y tres de sus alumnos.

-Fátima, vení -dijo Jaime al verme-. Te presento a los alumnos: Lucas, Julián y Emilia. Chicos, ella es Fátima. Micaela está enferma así que ella va a ser nuestra modelo por hoy.
-Hola, cómo están… -sonreí.

Saludé a cada uno con un beso. Estaba temblando otra vez, y haciendo un tremendo esfuerzo para que no se notara.

-Esperamos un cachito a que vengan los demás y arrancamos, ¿dale? -dijo el profe-. Mientras, Fati, andá acostumbrándote al estudio… relajate, sentite cómoda.

Ya conocía el estudio. Pero en esta ocasión no podía escudarme atrás de una cámara, me tocaba estar en el centro de la escena, con todos los spots y todas las lentes apuntándome. Los alumnos hablaban entre ellos. ¿Estarían diciendo algo de mí? Empezaba a dudar si había sido buena idea ofrecerme como modelo. Tal vez estaba a tiempo de echarme atrás…

Jaime adivinó mis pensamientos y se me acercó para tratar de salvar la situación.

-Fati, ¿estás bien? Te sugiero un té de hierbas para relajarte…
-Bueno, dale, acepto el té.
-Dale. Ya te lo traigo.

Me senté en un silloncito que había a un costado del escenario a esperar el té. Enseguida sonó de nuevo la chicharra del timbre y Jaime corrió hasta la puerta.

Entraron otro chico y otra chica, que se sumaron al grupito de alumnos. En la kitchenette se escuchó el ruido de la pava eléctrica y Jaime fue a preparar el té. No me presentó a estos dos nuevos alumnos, cosa que me dio aún más incomodidad. Los cinco me echaban miradas disimuladas, pero que me resultaban fulminantes como rayos láser. Sentía que adivinaban mi condición de novata. Quise salir corriendo de allí. Maldije el momento en que se me ocurrió convencerlo a Jaime de que me contratara como modelo.

Fátima modelando 1
Jaime llegó y me dio la taza.

-Guarda que está caliente- me advirtió. Apenas la agarré, la taza tembló en mi mano y parte del té me quemó la piel.
-¡La reputa madre!- murmuré apretando los dientes con furia. Estaba a punto de llorar.

Jaime se me puso adelante y me miró fijo.

-Fati… Levantá la cabeza. Mirame a los ojos por favor- me hablaba con un tono grave y pausado que hasta ese momento nunca le había escuchado-. Acordate cuando modelaste para mí. Ya sé que era otra la situación, pero estabas distendida, te sentías cómoda. Acordate de ese instante y revivilo. Yo voy a estar acá en todo momento. Ahora, cuando estés modelando para estos chicos, si dudás o sentís cualquier incomodidad, mirame a mí y hacé de cuenta que estoy sólo yo fotografiándote, como aquella vez. Te conozco Fati, sé que lo podés hacer. Ahora, respirá hondo, tomate el té y metele que hay que laburar.

Le hice caso. Sin decir nada, me tomé el té y respiré hondo. Levanté la cabeza y lo miré a los ojos. Él sacó un pañuelo del bolsillo y secó una lágrima que corría por mi mejilla.

-Así, muy bien. Ahora hacé otra respiración profunda y vení que te presento a los otros dos chicos.

Cerré los ojos, respiré lento y profundo, y me puse de pie. Abrí los ojos.

-Estoy lista- dije con confianza, caminando junto a Jaime hacia el grupo de alumnos.

-Bueno chicos… Min Chi, Paola, ella es Fátima, nuestra modelo- les hice un gesto de saludo con la mano acompañado con una sonrisa-. ¿Alguien sabe si Germán venía? Bueno, no importa, vayamos arrancando y si viene después, que se sume. Ahora vengan, vayan preparando sus cámaras.

Fátima modelando 2Caminamos todos hasta el centro del estudio y los alumnos comenzaron a preparar sus elementos. Una vez que estuvieron todos listos, Jaime procedió a explicar cómo sería la clase.

-OK, ¿estamos listos? Genial. Entonces… van a trabajar en equipos de dos… Min Chi, vos con Pao… vos Lucas, con Emilia… y Julián, empezá solo, y después si llega Germán te juntás con él. La idea es que cada pareja se tome un rato para armar el estudio a su gusto y tenga 15 minutos para trabajar con los modelos. En media hora, más o menos, va a estar llegando el modelo masculino, pero primero hagan una pequeña sesión cada grupo sólo con Fátima, de 5 ó 10 minutos, más o menos.


Fátima modelando 3“Cierto que había modelo masculino también...”, pensé. Una cosa más para hacerme sentir todavía más incómoda.

-¿Quiénes van primero? OK, ustedes, Pao y Min Chi, ya que llegron últimos, vengan a armar el estudio.

Me fui a sentar al silloncito del costado, mientras los dos chicos deliberaban entre ellos y corrían los spots, los cambiaban de dirección, acercaban muebles, colgaban telas y miraban a través de la cámara. De pronto, Paola se dirigió a mí.

-Fátima, ¿podés venir?

En mi mente aparecieron las palabras “It’s showtime!”. No sé por qué. Un calor recorrió todo mi cuerpo (el té estaba haciendo efecto), a tal punto que sentí ganas de quitarme la bata, pero no sabía si correspondía hacerlo en ese momento. Me acerqué a la pareja de fotógrafos.

-¿Sí?
-A ver… este… o sea…- Paola me quería decir algo pero parecía que no se animaba.

Fátima modelando 4
Lo miré a Jaime, quien me hizo un gesto con mímica para que me quite la bata.

-¡Ah! OK, sí, seguro…

Me desnudé frente a la pareja de alumnos. Evidentemente eran buenos profesionales, por que ni se inmutaron al verme desnuda frente a ellos.

-A ver, sentate acá en el sillón -me indicó la fotógrafa.

Le hice caso con toda naturalidad. Fue raro, no necesité tiempo para habituarme. Inmediatamente me olvidé de que yo era la única persona desnuda en ese estudio. Lo miré fugazmente a Jaime, quien me sonrió y me hizo un gesto de OK con el pulgar. Sonreí yo también, pero enseguida me puse seria para actuar profesionalmente.

-¿Así está bien?
-Sí… pero con la espalda más derecha… eso, así. Ahora… cruzate de piernas, apoya el codo en el apoyabrazos y sostenete la barbilla. Mirá hacia arriba… eso, muy bien. Abrí un poco la boca, por favor. Ahí está.

Quien me daba instrucciones era Paola, mientras el chinito Min Chi miraba a través de la cámara y le hacía gestos a su compañera. De pronto se acercó y me movió el pie que estaba en el aire (sin darme cuenta, lo estaba tensando, con los dedos apuntando hacia arriba, lo que me hacía tensar a su vez los músculos de la pantorrilla). Dejé el pie flojo y Min Chi retrocedió para seguir mirando por la cámara. Después se acercó a Paola y le dijo algo mientras señalaba uno de los spots. Entre los dos lo acercaron hacia mí.

Fátima modelando 5-Disculpen chicos -opiné-, me parece que está muy cerca, va a “quemar” todo este lado de las fotos…
-Fati -intervino Jaime, con tono amable-, acá no sos fotógrafa, sos modelo. Dejalos que aprendan de sus errores, para eso es la clase. Chicos, les comento que Fátima es una gran fotógrafa, ex alumna mía. No escuchen ninguno de los consejos que les dé.

Todos rieron, y me sentí muy bien. Distendida, y hasta orgullosa por el comentario del profe.

A partir de allí, todo fue un recreo. Yo hacía como que jugaba a las estatuas, como cuando era chica. Me comportaba como un muñeco articulado que los fotógrafos movían a su gusto. Mi entusiasmo generó una química con los chicos, se sentían a gusto fotografiándome, y yo me sentía a gusto posando para ellos. Me ponía en el lugar de ellos, recordando cuando yo tomé esas clases, recordando cómo quería que actuase la modelo, y actuando de la misma forma.

Fátima modelando 6En los intervalos volvía a ponerme la bata (o no, total, ya me sentía a gusto andando desnuda) y charlaba con los chicos, mirábamos las fotos que habían sacado y les contaba cómo habían sido mis clases con Jaime. Reímos mucho, nos hicimos amigos. También me mostraron algunas fotos que habían hecho con Micaela (la modelo que estaba enferma) y, si bien era mucho más linda que yo, en sus actitudes parecía notarse que no había tanta química con los fotógrafos. Después de los intervalos, volvía a desnudarme y a seguir trabajando. Era sólo eso: trabajo. Y se sentía muy bien.

El tiempo se pasó volando. En medio de una de las sesiones, volvió a sonar la chicharra de la puerta.

-Debe ser Fede -dijo Jaime, y corrió hacia la puerta.

“¿Fede?”, pensé. “¿No será...?”


0 comentarios:

Publicar un comentario

 

Historias desde el balcón Copyright © 2010 | Designed by: Compartidisimo