jueves, 13 de abril de 2017

Besos en la espalda

Siempre me pareció una boludez atómica ponerles rótulos a las relaciones humanas. “Nosotros somos amigos con derechos”. “Nosotros somos una pareja estable”. “Nosotros somos novios, pero sólo salimos”. “Nosotros estamos comprometidos, mirá que lindo anillo”. Todo esto dicho con voz burlona, como me lo estoy imaginando, suena mucho más divertido.

Sin embargo, tengo que admitir que me gustaría ponerle un rótulo a mi relación con Antonella. Si pudiera saber qué somos entendería mejor mis sentimientos. Creo. O quizás no, la verdad que no sé.

Trato de no pensar mucho en eso y simplemente disfrutar cuando estamos juntas. Pero cuando estoy en mi depto y ella recibe clientes, tengo que cerrar todo y poner música fuerte para no sufrir escuchando y pensando en lo que pasa allá adentro.

Por suerte no soy yo sola la que llama para vernos. Ella me llama también y me pide que la vaya a visitar, o que la acompañe a algún lado. Está bueno eso, por que podemos caminar abrazadas y parece como si yo la estuviera ayudando. Noto que la gente me mira con un aire de admiración, como diciendo: “qué buena persona, ayudando a una invidente…”. Se siente bien recibir la admiración de la gente, ¿no? Por lo menos para alguien con la autoestima por el piso, como es mi caso.

Fátima y Antonella durmiendo
Anoche dormimos juntas por primera vez. Ella me pidió que me quedara en su depto. Había mucha tormenta, y descubrí que le tiene miedo a los truenos, aunque no lo quiera admitir. Quizás por su ceguera tiene una mayor sensibilidad en los oídos y los ruidos fuertes le hacen mal.

Hoy me despierto con besos en la espalda. Supongo que es su agradecimiento por haberme quedado a hacerle compañía durante la tormenta. Siento sus labios humedeciéndome los homóplatos, la nuca, los hombros… Siento el anverso de sus manos rozando mis glúteos. Se me pone la piel de gallina. Quisiera seguir todo el día así, sintiendo sus mimos. Pero anoche le avisé que me iba a tener que ir temprano. Así que aunque refunfuñe, me levanto, me doy una ducha rápida, me visto y preparo el desayuno para las dos.




Fátima y Antonella desnudas y abrazadasMientras tomamos el café y nos despabilamos, le cuento el episodio de la vez pasada, con el chico al que terminé cacheteando. También le cuento lo que hablé con la psicóloga, y mi inquietud por encontrar a alguien a quien le guste ser castigado. Y una vez más, Anto me demuestra por qué la quiero tanto.


-A uno de mis clientes le gusta que le peguen y lo humillen. Yo intento darle el gusto, pero él quiere que le dé más fuerte y a mí me resulta difícil. Además llega un momento en que me duele la mano de tanto pegarle, y él quiere más.
-¿Y por qué no le pegás con algo? Una regla, una vara, un cinto, algo que le duela pero sin lastimar…
-No, es peligroso, por que no sé dónde le estoy pegando, mirá si lo lastimo en serio…
-¡Pero entonces avisame y vengo yo a pegarle!
-¡Y sí, obvio boluda! Pero le vas a tener que cobrar…
-No, al revés, yo debería pagarle. Para mí va a ser terapéutico.
-No me hagas enojar…
-Bueno, bueno, pará, eso después lo vemos. Pero contame qué le gusta además de las cachetadas.
-A ver, esperame que hago memoria… Ah sí, ya sé. Le gusta apretarse los pezones con pinzas…
-¿Sí? Pensé que eso era para mujeres nomás… ¿es gay?
-¡No, para nada! Solamente es masoquista.
-Bueno, genial. ¿Y cuándo viene?
-No sé, hay que esperar a que llame. Yo no llamo a los clientes, ellos me llaman para ver cuándo pueden venir. Pero en cuanto sepa algo te aviso.
-¡Sí, por favor!

Antonella se ríe.

-¿Qué?
-Nada, es que se ve que te pegó fuerte la onda dómine…

Me río con ella. Pero enseguida me pongo seria otra vez.

-Es que… no sé, necesito saber qué me está pasando, y creo que si dejo salir mi lado salvaje de una forma “sana” y controlada... quizás lo averigüe.

Miro la hora. Le doy un beso largo en la boca a Anto.

-Chau amor. Y otra vez, gracias. No sé qué haría sin vos.
-Nada, no me lo agradezcas, vamos a ver si viene, y qué pasa cuando venga.
-¿Cómo se llama?
-Rafael.

Rafael… ya estoy ansiosa por conocerlo.



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