domingo, 12 de marzo de 2017

Lo que hoy deseo de un hombre

Durmiendo en brazos de un hombre
Hace mucho tiempo que no duermo abrazada al cuerpo de un hombre. Y lo extraño. Pero sólo extraño dos partes de su cuerpo: el torso y el brazo.

Quiero apoyar mi cabeza en el pecho de un hombre, para arrullarme con los latidos de su corazón y con el vaivén de su tórax al respirar, meciéndome como las olas de un mar calmo mecen al bote anclado. Quiero que su brazo rodee mi cintura y me mantenga con firmeza, y estemos los dos quietos y en silencio por un tiempo indefinido.

Sólo eso quiero. No quiero que hablemos, no quiero palabras apasionadas ni declaraciones de amor eterno y grande como el universo.

No quiero que me seduzca ni que intente excitarme. No necesito en este momento demostraciones de virilidad ni de arrogancia masculina.




Quiero que su mano esté quieta, tomando mi cintura, sin que la piel áspera de sus dedos intente darle placer a mi piel.


No quiero sus labios sedientos de lujuria y de besos en llamas. No quiero su lengua ansiosa por detectar mis zonas más sensibles. Y menos que nada quiero su sexo, desesperado por entrar en el mío.

Hoy sólo quiero un pecho velludo, donde mis dedos puedan juguetear si no logro conciliar el sueño. Y si me quedo dormida, quiero la certeza de que se reirá de mis ronquidos y que me perdonará si le babeo el hombro.

Hoy quiero sólo eso. Mañana, quién sabe.


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